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Caricatura de civilización
A J.Kalvellido, un imprescindible
Por Antón Corpas
1. La cuestión fundamental en torno a las caricaturas que representan a Mahoma, entre otras formas, con una bomba en el turbante, no está en la capacidad de una parte de la calle árabe para restringir la libertad de expresión en la prensa occidental. Por qué esa capacidad asciende a bajo cero, si tenemos en cuenta que los dibujos de la discordia se publicaron originalmente en septiembre del 2005 y no provocaron que sepamos reacción alguna ni siquiera entre quienes por lógica geográfica tuvieron acceso a ella: los musulmanes inmigrados en Dinamarca. En cambio, el dibujante Christofer Zieler, reconoce como el mismo diario Jyllands-Posten, que publicó las doce viñetas, rechazó antes otras similares sobre Jesús de Nazaret: "Mi caricatura, que ciertamente no ofendió a ningún cristiano al que se la mostró, fue rechazada porque el editor consideró que podría ser ofensiva para los lectores en general, no necesariamente para los cristianos" (El Mundo 9/2/05). Pensando que la polémica actual estalla cinco meses después de su publicación original, en pleno corazón del mundo árabe, sin saber como ni por qué pero inmediatamente después de la victoria de Hamás en Palestina y en plena campaña mediática en torno a la política nuclear iraní, hay que ver que se juega aquí realmente. Desde luego la cuestión no está en señalar la mano del dibujante, como señala Santiago Gonzalez Vallejo: "lo relevante de los buenos estrategas es incluir el nuevo acontecimiento en la dinámica que favorezca a tu estrategia" ("La luna y el dibujante, www.nodo50.org/csca). Es bastante ingenuo considerar que las caricaturas son la provocación con que un enfant terrible consigue sulfurar los sentimientos pacatos de los creyentes. De la distancia de cinco meses entre la primera publicación y la situación actual, se deduce una elección no precisamente arbitraría para su difusión en Africa, Oriente Medio y Asía, la elección de un momento clave para un uso político calculado de la caricatura. A la reacción de una parte de la población árabe y de las distintas embajadas, el propio responsable de cultura del diario Jyllands-Posten, respondía: "estamos siendo testigos de un choque de civilizaciones".
2. Aún defendiendo la libertad del dibujante y sabiendo que la censura previa o la autocensura encierran siempre relaciones de poder inaceptables, hay que plantearse también otras tantas cosas. Por ejemplo, la autoridad del caricaturista sobre su propio trabajo, cuando son las necesidades de la estructura mediático-política a la que vende su trabajo, las que seleccionan que dibujos se publican, como y cuando se difunden, y donde y cuando pueden hacer daño o ser rentables a la política del poder. Así, ¿tiene Christofer Zieler algo que decir sobre la manera, el momento y la intención con que las caricaturas se han dado a conocer en la calle árabe, en la calle asiática o en la calle africana?. También hay que plantearse hasta que punto el caricaturista como el sátiro poseen el beneficio del silencio y el privilegio de la no-crítica. Cualquiera que entre al debate político se expone y ha de exponerse a una respuesta. Y se puede y se debe, sin dañar en nada la libertad de expresión, criticar con la misma libertad un texto del teórico de la guerra de civilizaciones, Samuel Huntington, que la del dibujante que convierte en algo mas que metáfora esa teoría, colocando una bomba en el turbante de Mahoma.
3. Hay que señalar también el desequilibrio entre un dibujante que, publicando su particular mirada sobre las cosas en un periódico danés, tiene la capacidad de provocar risas u ofensas en diferentes partes del mundo, frente a la dificultad de todos los que viven al otro lado del paraiso de la libertad, sean islámicos integristas o moderados, sean de izquierdas o de derechas, para divulgar críticas, opiniones y sentimientos en occidente. Esto es representativo del orden mundial neocolonial. La opacidad de Europa y Estados Unidos respecto a las posiciones políticas e intelectuales al otro lado del Pacífico y el Mediterraneo, es tan grande como la permeabilidad, y no solo en cuestiones religiosas, de Africa, Oriente Medio y Asia respecto a lo todo que se dice y se hace en Occidente.
4. Los hechos se inscriben también en un contexto político interno, donde la situación social alentada por el actual gobierno danés, de extrema derecha, está generando un clima de xenofobia al que, por supuesto, la caricatura no puede ser ajena. Si pensamos un poco, la caricatura de Zieller es asimilable a las mofas de la COPE sobre la inmigración, uno de cuyos humoristas utilizaba la reciente polémica en torno a la valla de Ceuta, retransmitiendo como una competición atlética los asaltos masivos a la fortificación. Es la población musulmana en Dinamarca, en su mayoría inmigrante y que no posee medios de comunicación ni representación política para ejercer su derecho de crítica, la que verdaderamente está amenazada en su derecho a la libertad de expresión. Los supuestos constitucionales como la libertad de expresión, sin los recursos económicos y políticos que permiten ejercerlos, no son nada; eso sin hablar de los "sin papeles" que evidentemente multiplican esa posición de inferioridad en el ejercicio de los derechos fundamentales. Hay que añadir la legislación y la práctica policial antiterrorista en todos los estados europeos y en Estados Unidos, que permite una libertad total para detener, procesar o deportar sospechosos, en base a frágiles indicios u opiniones, y que coarta aún mas la libertad y la capacidad de expresar las opiniones de la población inmigrante en occidente, condenándola a una extrema fragilidad legal, política y social.
5. La escritora y columnista Cristina Peri Rossi, avisa de "los peligros del fanatismo de una religión que, además, no se separa de la política" y añade que "muchos años de civilización han sido necesarios para reirnos de nosotros mismos, lo cual nos salva del fanatismo. Gracias a Dios o a Alá, lo mismo da, rima y todo" ("Contra el fanatismo", El Mundo de Catalunya 9/2/05). No se si conocen la mayoría de los lectores el caso del libro "Violencia: Tolerancia Cero", editado por la Obra Social La Caixa, y escrito entre el psiquiatra mediático Luis Rojas Marcos y la socióloga Inés Alberdi. El libro, gratuito y expuesto hasta hace pocas semanas en todas las sucursales de la caja de ahorros catalana, entre otras cosas expone un análisis acertado de la violencia de género, relacionado con las relaciones de poder en la familia y entre hombre-mujer, con el patriarcado y sus resabios culturales. En concreto Alberdi, atribuye a la totalidad de las religiones monoteistas una responsabilidad histórica y cultural, que solo los recalcitrantes de cualquiera de ellas pueden negar. Pues bien, hace pocas semanas, la dirección de La Caixa, ordenó la retirada del libro de sus sucursales, ante una campaña que a través de foros telemáticos, lanzaron integristas católicos contra el libro y contra la entidad financiera. Hoy, la publicación solo puede lograrse a petición propia, pero en las sucursales de la caja, es un libro invisible. Lo que nuestros intelectuales y columnistas, con el pecho hinchado, llaman "nuestra civilización", imaginando que una metafísica histórica ha inscrito en cada "ciudadano occidental" a Platon, Plutarco, Voltaire o Miguel Servet, es una caricatura de la realidad. Habrá que recordar que la Alemania nazi no dejaba de ser la mas culturizada de las sociedades europeas, tanto sus elites económicas e intelectuales como su clase obrera tenían una infraestructura cultural y un sistema educativo por entonces casi inéditos en el resto de la geografía europea. Eso no evitó que pasara lo que todos ya sabemos. ¿Que es, pues, lo que hay que confrontar hoy?. Lo siento señores, pero las huellas de nuestra civilización no están en sus bibliotecas, ni el riesgo está en "la ignorancia" de los presuntos salvajes que viven mas allá de nuestro ombligo y nuestras narices. Las huellas de nuestra civilización y los riesgos de nuestro tiempo, están muy lejos y muy cerca. Están en Bagdag. Están en Gaza y Cisjordania. Están en Haití. Están en Afganistán. Las huellas de la intolerancia, esta caricatura de civilización.
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